Se les borró el horizonte

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Se les borró el horizonte

La hipocresía es un pecado que viste de chaqué en las mejores fiestas y deja las luces encendidas en el trastero. Como en El discreto encanto de la burguesía, de Buñuel, tenemos la costumbre de caminar mirando adelante, sin parar, jamás mirar atrás y seguir caminando mientras obviamos la sangre que se pudre en las cunetas. Padecemos un miedo atroz a ser señalados por el dedo de hierro de los inquisidores, miedo a que nos condenen a la oscuridad del olvido, al fuego de la indiferencia.

Nosotros, los indiferentes, corremos mientras las piernas resistan, porque seguimos peleando por una vida gris y buscamos la lluvia amarrados a esta noria estúpida que nunca viaja y nos derrota.

En esta calle no hay ventanas ni Justicia, solo un campo de amapolas sin pétalos y semáforos en rojo. Detrás de las persianas no hay violetas ni mariposas libres; no hay más que gatos hambrientos durmiendo en el asfalto y guardias que no buscan a nadie porque todos se fueron.

En esta calle no hay nada, el mar quedó atrapado en las pinturas de Matisse, los payasos lloran y los grillos no cantan. En esta calle pasean los ciegos y los coches aúllan. Los jueces hacen cola en el banco y la Justicia duerme bajo la luz de una bombilla rota. En este país todo es perfecto porque nada ocurre, ni la rutina sale corriendo cuando se escapa el tren. Solo las ovejas pasean bordeando las lindes con los ojos cerrados. Lo hacen porque ya no esperan nada. Se les borró el horizonte.

@butacondelgarci

Se les borró el horizonte (Foto: Carmen Vela)
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