Desnuda al amanecer, muchos gramos de vida en una historia de una mujer fuerte

Cuando vives una vida llena de comodidad, sin complicaciones y, de repente, te ves envuelta en una espiral sinuosa y llena de socavones, que ponen a prueba tu integridad y tu destreza. Y tratas de salir de esa maraña a golpe de corazón. Así se veía Nicole/Romina, protagonista de Desnuda al amanecer, que es el título de la novela de Elizabeth Rodly Espina Santander, una escritora chilena de mirada llena de luz y un horizonte tan azul como el océano.

Desnuda al amanecer reúne todos los ingredientes para que te agarres a su historia como un náufrago a su tabla y no quieras soltarte de ella, porque perderás gramos de vida por el camino. Esta es una historia que engancha, que está bien escrita, con una narración sobria (con frases cortas), diálogos inteligentes y en ocasiones desprendiendo un fino ingenio quevediano.

Nicole/Romina es una mujer con una personalidad arrebatadora y un encomiable sentido de la justicia. No defiende a las mujeres. Defiende a todo aquel que se siente maltratado sin exclusión de sexo, porque nuestra protagonista entiende que la injusticia no entiende de género. Es injusticia en mayúscula, simplemente. Genial la defensa de Nicole ante la mujer tirana:

-Detesto esa palabra. Dígame, ¿Mario es tan seductor en la cama como en el baile?

-No creerá que le voy a responder.

-No es necesario. Intuyo que es así. Los calvos tienen una atracción innata. Seguramente a falta de cabellos, potencian otras masculinidades, provocando que las hormonas de las mujeres se pongan a mil.

-¡Basta! Fue suficiente.

-Para mí nunca es suficiente. Peor si un hombre altera mis hormonas.

-Es demasiado atrevida.

-No, lo soy. La felicidad siempre está al alcance de todos. Mi felicidad esta noche ha sido su marido. Y para usted ha sido una botella de vino.

-¿Me está cuestionando?

-Cada uno es feliz con lo que puede.

Todo en un gran final, digno de una espléndida obra, con guiños a la imaginaria platea y una sonrisa agridulce como despedida de las buenas historias que uno nunca quiere que se terminen, porque aprendió a nadar en ellas y a sorber la vida poco a poco, con la sutileza de un lord amigo de Oscar Wilde, si al gran literato le quedó algún amigo al final de su apasionante carrera. Desnuda al amanecer deja un buen sabor en el paladar al final de su trayecto, y uno siente ganas de querer poseer en sus manos más historias de Elizabeth Rodly Espina Santander, una escritora con letras mayúsculas.