Diario de Congresos y otros saraos (Las aventuras del doctor Iván Eraso)

Juan Montoro (Madrid 1983), médico psiquiatra, según leo en su biografía vive en Pamplona, donde disfruta de lo lindo tragando lo mejor de la huerta, de las viñas y de las reses navarras. Y asegura que es incapaz de vivir en una ciudad sin enamorarse de ella, por lo que, con mucha frecuencia, ha de volver a sus antiguas patrias, Madrid y Valladolid, para quedar en paz con ellas. Juan Montoro compagina sus actividades médicas con las literarias y ha parido una novela en clave de humor y sátira que les aconsejo leer. La criatura se llama: Diario de Congresos y otros saraos (Las aventuras del doctor Iván Eraso) (Editorial Universo de letras). Si cae en sus manos y la lee, buen rato asegurado.

El protagonista es el doctor Iván Eraso, un psiquiatra en paro. En plena cuesta abajo, el susodicho recibe una notificación sobre finalización de su prestación de desempleo. Para “celebrarlos”, se emborracha con absenta (su líquido preferido) y como consecuencia del vacilón sueña con que el doctor Emil Kraepelin, un eminente psiquiatra, le regala una credencial mágica, que le sacará de la peligrosa cuneta sedentaria en la que se encuentra. Pero Eraso despierta y la credencial mágica resulta que es verdadera. A raíz de ello, comienzan las aventuras del ex parado. Aventuras que Iván Eraso aprovecha para demostrar al mundo que de idiota no tiene un pelo y saca a relucir borbotones de ingenio para resolver las situaciones más sinuosas y empinadas que se le presentan.

De sus páginas extraemos una muestra de su humor enjundioso y disparatado. De una brillantez fuera de órbita como las medidas cafeteras que, a instancias del doctor Eraso, adopta el gobierno para remediar una epidemia que hacía que los habitantes de Sevilla cayeran como chinches: el café.

A las doce, el ministro había vuelto a su hotel y, junto con su gabinete, llamó al presidente del Gobierno para comunicarle su decisión de suministrar a la población de Sevilla cinco millones de litros de café.

A las doce y cinco, el Presidente estaba convencido de que su ministro de confianza había perdido completamente la cabeza.

El libro está trufado de escenas delirantes, como la del enfrentamiento a latigazo (verbal) limpio con un psicoanalista argentino, gurú de pacotilla, entre brujo e impostor, barajando las cartas del tarot/mus y con el que se mide en un cruce de frases muy divertidas. O la escena sobre el complejo hiper turístico de Marina D’Or, convertido en una gran ciudad, invadida en masa por el turismo ruso, que la hace suya; o el aeropuerto internacional Vladimir Tkachenko, un guiño estrambótico al legendario baloncestista soviético que medía 2,20 de estatura y poseías un descomunal mostacho.

La novela Diario de Congresos y otros saraos, publicada por Universo de Letras, nos ha descubierto a un brillante escritor, un tipo que, como dice en su biografía, “Año tras año, para desespero de pacientes profesores, se va convirtiendo en filólogo; en la actualidad, es un tercio de filólogo, lo que equivale, aproximadamente a un filólogo sin una pierna, sin un brazo y sin una oreja”. Pues nos parece que es un escritor de los pies a la cabeza.